Dirshem nos introduce en un territorio donde los sueños funcionan como ventanas del alma, revelando fragmentos de un enigma que normalmente permanece oculto. La obra plantea ese instante decisivo en el que debemos elegir un rumbo: un camino amarillo que evoca claridad, impulso y expansión, o un sendero rojo cargado de intensidad, pasión y transformación profunda.
El paisaje onírico se despliega como un escenario simbólico, donde los colores no son simples tonalidades, sino fuerzas que dialogan con nuestro interior. La composición parece susurrar que cada elección es un acto de autoconocimiento, una manera de descubrir qué vibración resuena con la esencia más auténtica de quien observa.
Dirshem invita a contemplar el misterio de las decisiones trascendentales. Sugiere que, más allá de la lógica cotidiana, existe un nivel en el que la intuición guía nuestros pasos hacia territorios inéditos. Es una obra que fluye entre lo enigmático y lo luminoso, recordándonos que en cada sueño se esconde una dirección y, en cada color, un destino posible.




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