Artisheia reflexiona sobre la dualidad entre la limitación del cuerpo y la libertad infinita del alma. Aunque estamos anclados a una existencia terrenal, la obra sugiere que cada noche, al abrirse las puertas del sueño, nuestra esencia interna emprende un viaje silencioso en busca de nuevos espacios, nuevas experiencias y nuevas comprensiones.
La pieza evoca esa sensación de desdoblamiento íntimo en la que, mientras el cuerpo descansa, la conciencia se expande y explora territorios que no pueden medirse ni contenerse. Es un homenaje a la capacidad humana de trascender, de soñar y de descubrir mundos que se encuentran más allá de lo visible.
En Artisheia, la noche se convierte en escenario de libertad espiritual, un recordatorio de que el alma conserva su impulso viajero aun dentro de los límites materiales. La obra celebra esa búsqueda constante que nos mantiene vivos por dentro: la necesidad de explorar, imaginar y sentir más allá de lo cotidiano.




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