Blanceurcall nos recuerda que somos energía vibrante, manifestada en un espacio y un instante preciso. La obra se adentra en la esencia emocional del ser humano, sugiriendo que cada sentimiento posee su propia frecuencia, una vibración única que nos define, nos mueve y nos conecta con el entorno.
La pieza invita a contemplar cómo nuestras emociones no son simples impulsos, sino ondas que se expanden, se transforman y dialogan con el universo que nos rodea. Cada vibración interna encuentra eco en lo externo, creando un puente entre la experiencia íntima y la realidad que habitamos.
En Blanceurcall, la energía se convierte en el lenguaje primordial del alma. Es una obra que celebra la sensibilidad, la resonancia emocional y la belleza de existir como un punto luminoso dentro de un vasto campo de frecuencias vivas.




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