Cradoma retrata el encuentro sorprendente entre dos fuerzas opuestas: el hielo y el calor, ambos desconcertados ante la presencia de un viajero que avanza hacia lo desconocido. La obra convierte este contraste en una metáfora poderosa del camino interior, donde lo frío y lo ardiente, lo racional y lo impulsivo, conviven en permanente tensión mientras seguimos adelante.
El viajero —figura simbólica del ser humano en búsqueda constante— avanza sin respuestas, guiado únicamente por su intuición. Su presencia altera el equilibrio de los elementos, revelando que incluso en la incertidumbre se esconde la chispa del movimiento y de la transformación.
Cradoma invita a contemplar ese instante en el que dos mundos se rozan y se cuestionan, mientras el protagonista continúa su marcha hacia territorios inexplorados. Es una obra que celebra el valor de adentrarse en lo nuevo, de caminar entre contrastes y de abrazar lo enigmático como parte del viaje de la vida.




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